Equidad: Utopía o Realidad

Dra. Esthela Neira Palomeque

El papel de la mujer en la sociedad actual ha sufrido severas transformaciones en los últimos tiempos, aunque, por supuesto no caben generalizaciones ya que, sabemos, existen sociedades tan arraigadas a sus costumbres o con fuertes influencias religiosas, reacias a cualquier cambio, que se han impermeabilizado  de forma radical a toda influencia del mundo occidental. Sin embargo, surgen preguntas inevitables cuando  analizamos el rol de la mujer en el mundo moderno, como por ejemplo: ¿Ha incursionado, la mujer en todos los campos de la sociedad, o todavía existen espacios que faltan por ocupar? ¿Hay campos vetados para las mujeres, espacios que no le corresponden?

Hoy, el rol de la mujer abarca múltiples dimensiones, ya sea en lo profesional, en lo deportivo, en el arte, en el mundo empresarial, en la política, etc. En realidad, podríamos afirmar que la mujer puede ser todo lo que decida ser, sin embargo, para alcanzar el sitial que desea, considero que todavía debe vencer estigmas impuestos desde el hogar. Durante mucho tiempo, las tareas diarias del hogar correspondían de manera exclusiva a las mujeres, no obstante, gracias al estudio y la preparación, muchas mujeres han incursionado en ámbitos políticos, culturales y científicos donde antes la presencia femenina era limitada.

No existe actividad que la mujer no se haya “atrevido” a explorar y subrayo la palabra ‘atrevido’ porque, para triunfar fuera de su rol tradicional, debe iniciar una lucha interna que luego proyecta con naturalidad frente a los demás, sorteando todo tipo de obstáculos, algunos visibles y otros invisibles, hasta lograr posicionarse y sentirse realizada.

Desde que nacen  se  asignan ciertos colores, juguetes y actividades “adecuadas” a las niñas. Sin embargo, cuando una niña demuestra ingenio y busca construir sus propios juegos, dejando de lado la cocina de juguete, puede generar preocupación en sus padres por apartarse de lo que se considera “normal”. A lo largo de su vida, esa misma inquietud puede repetirse si la adolescente y luego la mujer decide transitar por caminos que antes eran considerados exclusivos de los hombres.

Esta lucha ha tomado muchos años y ha implicado romper sistemas establecidos, incluso dentro del hogar, lo que ha conllevado someterse al escrutinio público a veces incluso de su propio género. Quienes se atrevieron abrieron caminos poco a poco, permitiendo el acceso a la educación, que siempre será la clave para desarrollar un pensamiento diferente.

Han pasado aproximadamente 300 años en los que muchas mujeres vieron frustradas sus aspiraciones:  artísticas, sociales, científicas y deportivas por el solo hecho de ser mujeres. Y las proyecciones indican que alcanzar una igualdad plena podría tomar todavía la mitad de ese tiempo más.

Una verdad que debemos aceptar: hombres y mujeres somos diferentes física y emocionalmente. Sin embargo, estas diferencias, lejos de ser negativas como se ha considerado tradicionalmente, pueden convertirse en fortalezas. El carácter crítico y a la vez empático de la mujer puede prevenir confrontaciones en entornos laborales. El orden y la organización suelen fortalecerse con su presencia en equipos productivos. Su seguridad y confianza la impulsan a emprender con optimismo, y su sensibilidad frente a causas justas favorece la búsqueda de equidad cuando lidera un proyecto.

A lo largo de la historia, muchas mujeres impusieron nuevas formas de pensar y actuar, lo que les permitió abrirse camino y desafiar pronósticos adversos para alcanzar el éxito. Sin embargo, aún falta mucho por hacer. Es necesaria una educación más equitativa desde el hogar, desde los primeros años de vida. El apoyo de la familia moderna es fundamental. Desde las aulas debemos motivar a nuestras estudiantes a afrontar nuevas posibilidades, a establecer límites en sus relaciones, a prepararse para ser dueñas de su propia vida y sustento. No depender sino de sus propias capacidades debería ser parte de un pensamiento que debe acompañarlas siempre.

Eduquemos a nuestras niñas como personas independientes, creativas y visionarias, el resultado final será generaciones sólidas y autosuficientes, procuremos apoyarnos unas a otras, no cortemos sus alas, porque, aunque sus sueños sean individuales, la conquista de nuevos espacios siempre será una misión compartida.

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